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“Espacio de Construcción Politica y Compromiso por el Pueblo”
jueves, 22 de septiembre de 2016
miércoles, 1 de junio de 2016
La restauración del pensamiento rentístico Por Horacio Rovelli
Es fácil, simple y comprobable
ver la lógica rentista en el gobierno de Macri, por la sencilla razón que ha
sido la lógica de la burguesía Argentina en gran parte de su existencia,
exasperada cuando asumen la administración del país.
Esto es, lo que buscan es una
ganancia rápida, con la posibilidad cierta de dolarizarla y fugarla de la
Argentina, y solo por eso invierten y capitalizan sus empresas y actividades
sabiendo que pueden venderlas por la celeridad de recuperación del capital
No es una burguesía que invierta
en mediano y largo plazo y que busque y lidere consolidar un proceso de
acumulación y producción, al contrario, su lógica es la de pan para hoy (en
realidad grandes ganancias para ellos) y hambre para mañana, por eso no tienen
un plan, y menos un proyecto para todos, lo que si tienen es un
desproporcionado acervo en términos del resto del país y lo que buscan es
generar (para ellos) mayores retribuciones que en el resto del mundo.
En ese marco se entiende las
medidas y hasta las políticas adoptadas, que suelen (y lo son) contradictorias,
pero que tienen siempre el trasfondo de beneficiarlos. De allí la híper
devaluación no bien asumieron el gobierno, la quita y reducción de las
retenciones, la “libertad” de fijar precios en mercados cautivos o semi
cautivos, y la renta segura por la tasa de corte de las Letras del BCRA
(LEBAC).
El valor del dólar que
“sinceraron” en no menos de un 40% en su comienzo, logra cierta estabilidad a
partir de abril de 2016 por el endeudamiento logrado tras el pago a los fondos
buitres, y por la liquidación de la cosecha gruesa, esencialmente la soja, que
incluso tenían retenidas durante la gestión del gobierno anterior esperando la
devaluación y la quita y/o reducción de las retenciones, como pasó.
Paralelamente, sumándose como
causa complementaria, lo que hizo desarmar posiciones en divisas del capital
financiero en el país fueron las altas tasas pagadas por las LEBAC (Letras del
BCRA), pero las mismas ya tienen su límite, por un lado, el total del dinero
esterilizado (comprados por el BCRA) al 20 de mayo 2016 representa el 95% de la
base monetaria (que es la cantidad de dinero creada y puesta en circulación por
el BCRA), esto es, las LEBAC – totalizaban $ 521.824 millones, cuando la Base
Monetaria a esa fecha era de $ 582.521 millones. Y por otra parte, las LEBAC
(que pagó el martes 24 de mayo 2016 a una tasa de 35,25% anual para el plazo de
35 días), no puede pagar menos tasa (lo que repercute negativamente sobre el
crédito) porque en el mercado a futuro
del ROFEX (Mercado de venta de granos de Rosario) está acordado el valor del
dólar en torno a los $ 17.- al 30/12/2016, cuando el valor tipo vendedor del
día 27 de mayo 2016 era de $ 14,20, eso da una tasa de incremento de casi el
20% para un poco más de siete meses, que anualizada se acerca al 35%. Por lo tanto, la tasa de las LEBAC solo
desciende si hace lo propio el valor futuro del dólar.
Por ende, la forma que tienen de
retribuir al capital financiero, y a los sectores más ricos del país no es
incentivando la producción (salvo los sectores favorecidos), sino generado un mecanismo basado en el
endeudamiento permanente y creciente, que obviamente no es por siempre, de allí
en que una vez pasada la venta de la cosecha gruesa (abril a agosto), la suba
generalizada de los precios y el mayor endeudamiento para pagarle a los fondos
buitres con el fin de dejar librado el ingreso de capitales del exterior, queda
al descubierto la incapacidad en el tiempo del
repago de la deuda, fruto que la
devaluación y quita y reducción de las retenciones no implica mayores
exportaciones, y si mayor apropiación de ganancias, pero esa ampliación de los
márgenes de ganancias se deriva a capitales especulativos y a la fuga del
circuito económico local, dado que nadie invierte en un país que se achica y
genera desempleo como hizo y hace el gobierno de Macri.
Si a ese contexto le sumamos el
hecho que los sectores beneficiados perciben y determinan la existencia del
atraso cambiario, hará que más temprano que tarde (una vez pasado los meses de
liquidación de la cosecha y ante nuevos y mayores pagos de los servicios de la
deuda externa y de los LEBAC y otros mecanismos de endeudamiento interno en
pesos), recomiencen nuevamente la compra de divisas. Y es por eso que el
macrismo necesita generar nuevos negocios especulativos y allí aparece la
pomposa “reparación histórica” para los jubilados y pensionados.
Así como dijeron que iban a
aumentar el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, y lo hicieron
pero nominalmente, y sin cambiar las escalas con lo que los asalariados
alanzados por el gravamen pagan mucho más, del miso modo presentan el cambio en
el régimen previsional.
Programa de Reparación Histórica
Macri en una carta pública
afirma: “…Para saldar esta gran deuda, vamos a utilizar el dinero que va a
ingresar del impuesto que van a pagar los que más tienen y que en estos años
evadieron los impuestos, y del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la
Anses”.
Primero el SIPA (Sistema
Integrado Previsional Argentino) da a conocer que desde el mes de marzo 2016 el
haber mínimo mensual es de $ 4.959.- que la remuneración media de todos los
beneficiados es de $ 8.135.-, todos valores muy lejos de lo que implica una
canasta básica de supervivencia, por un lado, atenuado porque el haber previsional
máximo es de $ 36.330.- por mes.
Lo que plantea el proyecto de ley
del PE para un conjunto de beneficiados que estiman en unas 2.250.000 personas,
que estarían cobrando menos de lo que realmente deberían cobrar, ajustarles la
remuneración e incluso pagarle en forma retroactiva en determinados casos, y
los dividen en tres:
a) Los que tienen sentencia firme
que serían alrededor de 70.000 casos, a quienes se les pagaría el fallo
judicial, la mitad al contado con la aceptación de la propuesta y la otra mitad
en 3 –tres- años, con pagos trimestrales, ajustables por el índice de movilidad
(Que habría que ver lo que dice textualmente el proyecto de ley, dado que no
sería el actual, y podría ser reemplazado por el de Remuneración Imponible
Promedio de los Trabajadores Estables –RIPTE, que en todo este tiempo fue mucho
menor).
b) Un segundo grupo son los que
tienen su juicio en trámite (hay unos 380.000 expedientes), también se les
pagará el 50% al contado y el resto en 3 –tres- años, ajustables. En estos
casos, el monto reclamado tendrá una quita o tope porque se les reconocerá
hasta 4 –cuatro- años del total de años reclamados (esto podría implicar una
quita sobre el reclamo, que depende de su antigüedad). También hacia delante,
los haberes serán ajustados
c) Finalmente, el plan apunta a
quienes no hicieron un reclamo judicial (pero la ANSeS entiende que cobran
menos de lo que deberían percibir), serían 1.800.000 beneficiados que no
hicieron juicio, pero tienen los mismos derechos que los que sí lo hicieron. No
se les reconocerá el retroactivo porque no hicieron el reclamo, pero se les
reajustará hacia delante el haber si renuncian a realizar el reclamo judicial.
El Gobierno calcula que en
promedio el reajuste de los haberes de los que acepten la oferta oficial sería
del 45%. Los que rechacen la oferta no tendrán ningún reajuste de haberes y
deberán seguir con los juicios o iniciar uno nuevo. El proyecto de ley
contemplaría la retención del impuesto a las Ganancias, pero el descuento sobre
la oferta retroactiva se calculará por los valores devengados de cada año.
Para poder pagar el 50% al
contado en este año para los casos a) y b)
el gobierno debe disponer como mínimo de $ 300.000 millones (Para tener
una comparación es el 56% de los $ 535.697 millones abonados durante el año
2015 por las prestaciones de seguridad
previsional nacional), a los que además, según ponderaciones del titular
de la ANSeS, Emilio Basavilbaso, los gastos que demandaría la política de
reparación de los haberes previsionales propuesta significarían unos $ 85.000
millones (a valores de mayo 2016) por año, que tardarán no menos de dos años en
instrumentar la totalidad de las aceptaciones, más los tres años de
financiamiento.
El dinero para hacer frente a
esos pagos saldrá de los rendimientos anuales líquidos del Fondo de Garantía de
Sustentabilidad (FGS) de la ANSeS, más las partidas asignadas en el Presupuesto
para el pago de sentencias, pero como no va a alcanzar para pagar el monto de
ajuste total, se autorizará al Fondo a vender las acciones que tiene en su
poder, y allí reside una de las claves del sistema propuesto.
En efecto, cuando Maurizio Macri
sostiene que se financiará con el impuesto que le cobren a los que “blanqueen”
los recursos que tienen en el exterior, está por verse cuanto será el capital
en “negro” declarado, y que tasas de recargo finalmente abonaran, pero
seguramente lo recaudado será en este año 2016 ( y en el mejor de los casos)
menos del 10% de los $300.000 millones iniciales para poner en funcionamiento
el sistema, y después no alcanzará al 30% de los $ 85.000 millones con los precios
de mayo de 2016 que infieren las autoridades de la ANSeS que se gastará por
año, y ante ese nuevo fracaso y para cumplir con la que ya será ley de
“reparación histórica” de los jubilados y pensionados, se empleará la venta de
las acciones que tiene el FGS.
EL FONDO DE LA TRAMA
Con un dólar cuya híper
devaluación fue absorbida por el crecimiento de los precios internos,
demostrando que los empresarios formadores de los mismos lo escuchan a Macri
como oír llover, y no dejan sus negocios y sus altas rentas por más que Macri
se los pida, por lo que no tienen motivaciones de mayor poder adquisitivo para
reconocer tenencias de activos no declarados en el exterior y traerlos al país.
Macri no puede volver a devaluar
porque la crisis interna que ello provocaría y los grados de marginalidad y de
pobreza harían cierta la frase de Durán Barba: “´Tengo tres amigos que llegaron
al gobierno e hicieron ajustes (Gonzalo Sánchez de Losada, Fabián Alarcón y
Jamil Mahuad). Los tres están o estuvieron presos o prófugos”.
Con lo que en ese marco el
gobierno ofrece un blanqueo que va a tratar que sea lo más amplio posible, y
que por trascendidos periodísticos implicaría la existencia de una tabla que de
acuerdo al monto declarado contribuirá al fisco con una tasa fija por todo
concepto por los impuestos no pagados:
a) Para la mayoría de las
transacciones será del 10%, si abona durante el corriente año 2016
b) Habrá una tasa del 5% para
cifras menores de 80.000 (o 100.000) dólares.
c) Habrá una tasa del 4% para
fondos declarados, pero que se giraron al exterior.
El gobierno estima que de esa
manera se declararían U$S 20.000 millones,
si la mayor parte abona el 10%, eso implica unos U$s 1.850 o U$s 1.900
millones de gravamen, al tipo de cambio oficial actual serían unos $ 27.000
millones, que es menos del 10% de lo que deben destinar para pagar los no menos
de $ 300.000 millones para el primer año del sistema de reparación previsional
del macrismo.
Por ende, además del negocio de
“blanquear” la plata, le ofrecen la de venderles las acciones de empresas privadas en poder de la
ANSES a partir de la nacionalización de las AFJP. Entre otras con acciones en
poder de la ANSES figuran empresas del grupo Techint (Siderar); de Aluar; el 9%
del paquete accionario del Grupo Clarín; Molinos Río de la Plata; las empresas distribuidora de gas; de energía
eléctrica; Endesa; Cresud; Central Puerto SA;
IRSA; Ledesma SA; Alpargatas SA; Solvay; Quickfood; Consultatio; Holcim;
y Mirgor. Y los bancos Macro (con
el 24,6% del paquete accionario), BBVA Francés, Banco Patagonia, Galicia, e
Hipotecario, el volumen de acciones en poder del organismo dentro del Fondo de
Garantía de Sustentabilidad (FGS) superaría hoy los 90.000 millones, que
indefectiblemente será utilizados para ese fin.
En síntesis, el gobierno
solamente puede superar la restricción externa y las inconsecuencias del modelo
que aplica, endeudándose y ofreciendo pingues negocios al capital más
concentrado, no existe y en ese marco no puede existir proyectos de inversión
productiva, se prioriza lo financiero, a
costa de un mercado interno que se achica y condena a amplias franjas de la
población a la desocupación y a la pobreza, con un efecto anestésico por el
ingreso de dólares, pero insustentable en el tiempo.
jueves, 28 de abril de 2016
Derrotas y victorias por Alvaro García Linera
Cuando uno arroja una piedra a un
vaso de cristal y éste se quiebra, a veces surge la pregunta ¿por qué se rompe
el vaso? ¿Es por culpa de la piedra que lo impactó? ¿O porque el vaso es
rompible y luego entonces la piedra lo fragmenta? Es una pregunta que solía
plantearla el sociólogo Pierre Bourdieu para explicar que solo la segunda
posibilidad era la correcta, porque te permitía ver, en la configuración
interna del objeto, las condiciones de su devenir.
En el caso del referéndum del 21
de febrero, no cabe duda que hubo una campaña política orquestada por asesores
extranjeros. Las visitas clandestinas de la ONG NDI, dependiente del
Departamento de Estado, sus cursos de preparación de activistas cibernéticos,
los continuos viajes de los jefes de oposición a Nueva York —no precisamente a
disfrutar del invierno—, hablan de una planificación externa que tuvo su
influencia. Pero así como la piedra arrojada hacia el vaso, esta acción externa
solo pudo tener efecto debido a las condiciones internas del proceso político
boliviano, que es preciso analizar.
CLASES. 1. La nueva estructura de
las clases sociales
Que en 10 años el 20% de la
población boliviana haya pasado de la extrema pobreza a la clase media es un
hecho de justicia y un récord de ascenso social, pero también de desclasamiento
y reenclasamiento social, que modifica toda la arquitectura de las clases
sociales en Bolivia. Si a ello sumamos que en la misma década de oro la
diferencia entre los más ricos y los más pobres se redujo de 128 a 39 veces;
que la blanquitud social ha dejado de ser un “plus”, un capital de ascenso
social y que hoy más bien la indianitud se está consagrando como el nuevo
capital étnico que habilita el acceso a la administración pública y al
reconocimiento, nos referimos a que la composición boliviana de clases sociales
se ha reconfigurado y, con ello, las sensibilidades colectivas, o lo que
Antonio Gramsci llama el sentido común, el modo de organizar y recepcionar el
mundo, es distinto al que prevalecía a inicios del siglo XXI.
Las clases sociales populares de
hoy no son las mismas que aquellas que llevaron adelante la insurrección de
2003. Los regantes controlan sus sistemas de agua; los mineros y fabriles han
multiplicado su salario por cinco; los alteños, que pelearon por el gas, ahora
tienen, en un 80%, gas a domicilio; las comunidades campesinas e indígenas
tienen seis veces más cantidad de tierra que todo el sector empresarial; y los
aymaras y quechas, marginados por su identidad indígena en el pasado, son los
que ahora conducen la indianización del Estado boliviano. Hay, por tanto, un
poder económico y político democratizado en la base popular, que modifica los
métodos de lucha sociales para ser atendido por el Estado. Paralelamente, la
urbanización se ha incrementado pero, ante todo, los servicios urbanos de
educación, salud, comunicación y transporte se han expandido en las áreas
rurales ampliando los procesos de individuación de las nuevas generaciones,
diversificando las fuentes de información y de construcción de opinión pública
regionalizada más allá del sindicato o la asamblea. Si a ello añadimos el hecho
de que pasada la etapa del ascenso social insurreccional (2003-2009),
inevitablemente viene un reflujo social, un repliegue corporativo que debilita
a las organizaciones sociales y a su producción de un horizonte universal,
entonces es normal un periodo de despolitización social, que disminuye la
centralidad sindical como núcleo privilegiado de construcción de la opinión
publica popular, para ampliarla a una pluralidad de fuentes como los medios de
comunicación, la gestión estatal, las redes sociales, etc.
La comunidad nacional en lucha
contra las privatizaciones, la comunidad nacional despojada de sus recursos y
que reclama su reconquista, o la comunidad dolorosa de las víctimas de la
matanza de octubre de 2003, que fueron la base del ascenso revolucionario entre
2000 y 2006, han dado lugar a otro tipo de comunidades reivindicativas más
dispersas regionalmente, más afincadas en la gestión de proyectos de desarrollo
o de expectativas educativas de carácter individual. Se trata de comunidades de
tipo virtual o mediáticas que no solo modifican los métodos de lucha sino
también los contenidos mismos de lucha, las percepciones sobre lo deseado, lo
necesario y lo común.
Estamos, por tanto, no solo ante
una nueva estructura de clases, sino también ante nuevos marcos culturales de
movilización y de percepción del mundo. Por todo ello, la convocatoria del
sindicato o de la comunidad convertida en capital electoral en 2005 o en 2009,
que irradió a sectores de la sociedad civil individuada, hoy no son suficientes
para producir el mismo efecto electoral. Sin duda, el mundo sindical obrero,
campesino-indígena y vecinal pobre continúa siendo el bastión más sólido y leal
del proceso de cambio —y esto se ha verificado nuevamente en la última elección
con gestos tan extraordinarios como la donación de una mita por parte del
proletariado minero de Huanuni para la campaña—, pero ya no tiene el mismo
efecto irradiador de antes. Han surgido otras colectividades sociales entre las
clases populares y en las diversas clases medias de origen popular, más
volátiles, por residencia, por estudio o por comunidad virtual, que se mueven
por otros referentes e intereses, muchas veces de carácter individual. Como
gobierno revolucionario habíamos ayudado a cambiar al mundo; sin embargo, en la
acción electoral, en una parte de nuestras acciones, seguíamos aún actuando
como si el mundo no hubiera cambiado. Acudimos a medios de movilización y de
información insuficientes para la nueva estructura social de clases y, en
algunas ocasiones, empleamos marcos interpretativos del mundo que ya no
correspondían al actual momento social.
LIDERAZGO. 2. Hegemonía no es lo
mismo que continuidad de liderazgo
La fortaleza de un proceso
revolucionario radica en instaurar una matriz explicativa del mundo en medio de
la cual las personas, las clases dominantes y las clases dominadas, organizan
su vida cotidiana y su futuro.
Durkheim llamaba a esto las estructuras
del conformismo moral y conformismo lógico de la vida en común. Y el bloque
social dirigente capaz de conducir activamente estas estructuras se constituye
en un bloque social hegemónico. El proceso de cambio creó una matriz
explicativa y organizadora del mundo: Estado plurinacional, igualdad de
naciones y pueblos indígenas, economía plural con liderazgo estatal,
autonomías. Hoy, izquierdas y derechas se mueven en torno a esos parámetros
interpretativos que regulan el campo de lo posible y lo deseado socialmente
aceptado. Hoy, la gente de a pie construye sus proyectos personales y
expectativas en torno a estos componentes potenciados hacia el futuro a través
de la Agenda Patriótica 2025, y no tiene al frente ningún otro proyecto de
Estado y de economía que le haga sombra. En ese sentido, hablamos de un campo
político unipolar. El que el presidente Evo tenga una popularidad y apoyo a la
gestión de gobierno que bordea el 80%, según las encuestas hechas en plena
campaña por el referéndum, constata este hecho hegemónico.
Sin embargo, cuando a los
entrevistados se les consulta si están de acuerdo con una nueva postulación,
solo la mitad de los que apoyan la gestión responde positivamente. El apego al
proyecto de Estado, economía y sociedad no es similar al apoyo a la
repostulación o, si se quiere, hegemonía no es directamente sinónimo de
continuidad de liderazgo.
Es posible que haya pesado la
desconfianza normal hacia una gestión muy larga; también es posible que algunas
personas pensaran que en el referéndum volvían a reelegir a Evo, creyéndolo
innecesario después de ya haberlo elegido en 2014. En todo caso, sobre ese
espacio de votantes que daban su apoyo a la gestión de Evo, pero no a su
repostulación, se centró toda la artillería de la campaña, tanto de la
oposición como del partido gobernante. La oposición se montó rápidamente en una
matriz de opinión larvaria, pero trabajada desde hace años con el apoyo de
agencias internacionales, referida a que los gobiernos de izquierda
revolucionarios son “autoritarios”, “abusivos”, quieren “eternizarse”, etc. Y,
entonces, la repostulación fue rápidamente ensamblada a la lógica de una
manifestación que confirmaba el “abuso”, el “autoritarismo” etc. Algunos
izquierdistas de “cafetín” se sumaron a este estribillo y, por consiguiente, la
irradiación fue más extensa. En tanto que el partido de gobierno tuvo que hacer
una doble labor explicativa. Primero, enfatizar que quienes no querían la
repostulación eran los de la vieja derecha privatizadora y, luego, que la
repostulación garantizaba la continuidad del proceso de cambio. En esta
dualidad explicativa es donde se perdió la fuerza de la simpleza de una
consigna electoral, frente a la matriz discursiva imperialmente labrada que
repercutía más fuerte justamente por su simpleza.
REDES. 3. Las redes: nuevos
escenarios de lucha
Recientemente estuve en San Pedro
de Curahuara, un municipio alejado, cercano a la frontera con Chile. Los
mallkus y mama t´allas nos recibieron con cariño y bien organizados; habían
decidido en su asamblea los temas a tratar y los oradores. Pero también vinieron
a recibirme los jóvenes del colegio. Todos los estudiantes de la promoción
tenían un smartphone similar al mío, y si bien no habían participado de la
asamblea comunal, se habían enterado por teléfono o WhatsApp que estábamos
llegando al municipio. Aquello que vi en Curahuara se repite en toda Bolivia.
El internet y las redes han abierto un nuevo soporte material de comunicación,
tan importante como lo fueron otros soportes materiales de comunicación en el
pasado: la imprenta en el siglo XVIII, la radio a principios del siglo XX, la
televisión a fines del siglo XX. Se trata de medios de comunicación cada vez
más universales, que han llegado para quedarse y que no solo modifican la
construcción cultural y educativa de las sociedades, sino la forma de hacer
política y de luchar por el sentido común.
La masificación y novedad de este
nuevo soporte material de comunicación ha generado una sobreexcitación
comunicacional que ha sido bien aprovechada por las fuerzas políticas de
derecha, que dispusieron recursos y especialistas cibernéticos al servicio de
una guerra sucia como nunca antes había sucedido en nuestra democracia y que ha
vertido toda la lacra social en el espacio de la opinión pública.
Está claro que las redes no son
culpables de la guerra sucia; es la derecha, que no tuvo escrúpulo alguno para
esa guerra sucia unilateral, la que apabulló el medio. Nosotros atinamos a una
defensa artesanal en un escenario de gran industria comunicacional. Al final,
esto también contribuyó a la derrota. A futuro, está claro que los movimientos
sociales y el partido de gobierno deben incorporar en sus repertorios de
movilización a las redes sociales como un escenario privilegiado de la disputa
por la conducción del sentido común.
OPOSICIÓN. 4. Oposición unida
A lo largo de los últimos 15
años, las batallas electorales han contado con un bloque conservador de derecha
fragmentado. Desde las elecciones de 2002 hasta las de 2014, la derecha
política ha presentado varias candidaturas que han dispersado el voto de esas derechas.
En oposición a ello, la izquierda política ha contado con una única candidatura
y, encima, respaldada por un único bloque de izquierda social (sindicatos, comunidades,
juntas de vecinos).
El 2016 este panorama se ha
modificado. Aun con sus divergencias, toda la derecha pudo articularse en torno
a una sola posición, la del No; e incluso tuvo la capacidad de arrastrar a los
fragmentos del “izquierdismo deslactosado”, que antes había acompañado a
Gonzalo Sánchez de Lozada en su gestión de gobierno.
La antigua fragmentación de la
derecha claramente mejoraba la posición electoral del MAS, que se presentaba
como la única fuerza con voluntad real de gobierno. Sin embargo, al unificarse
aquélla para el referéndum, se anularon temporalmente las fisuras y guerras
internas que debilitaban a unas frente a otras y a todas ellas frente al MAS.
Así, el “todos contra el MAS” permitió que entraran, en una misma bolsa, desde
los fascistas recalcitrantes y los derechistas moderados, hasta los trotskistas
avergonzados. Y, en un memorable grotesco político, la noche del 21 de febrero
se abrazaron quienes, pocos años atrás, estaban agarrando bates de béisbol para
romper las cabezas de campesinas cocaleras, y algunos ex izquierdistas que,
alguna vez, pontificaron desde su escritorio los derechos indígenas.
Al final, la derrota del Sí ha
removido la estructura general de las organizaciones sociales indígenas,
campesinas, vecinales, juveniles, obreras y populares que sostienen el proceso
de cambio. Y lo ha hecho para bien y en un momento oportuno. Momento oportuno
porque quedan cuatro años por delante para corregir errores, ya que es una
derrota táctica en medio de una ofensiva y victoria estratégica del proceso de
cambio. Y, para bien, porque las repetidas victorias de los últimos diez años
han generado una peligrosa confianza y pesadez para un escenario de lucha de
clases siempre cambiante, que requiere lo máximo de las fuerzas, lo máximo de
la inteligencia y lo máximo de la audacia del movimiento popular. Y es que las
revoluciones avanzan porque aprenden de sus derrotas o, en palabras de Carlos
Marx, las revoluciones sociales “se critican constantemente a sí mismas, se
interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía
terminado para comenzar de nuevo desde el principio, se burlan concienzuda y
cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus
primeros intentos, parece que solo derriban a su adversario para que éste saque
de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a
ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus
propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y
las circunstancias mismas gritan: ¡Aquí está Rodas, salta aquí!”
Vicepresidente del Estado
Plurinacional de Bolivia
domingo, 24 de enero de 2016
El plan 70-30 Por Hernán Letcher y Julia Strada
El plan económico del gobierno de Mauricio Macri
significó, en pocos días de gestión, la aplicación de un conjunto de políticas
que excedieron sustancialmente la devaluación (o su presentación mediática como
“levantamiento del cepo”) y han delineado una nueva comunidad de negocios. En
ese espacio comulgan el complejo agroexportador, la cúpula industrial orientada
al mercado externo, el sector financiero, las empresas de servicios públicos y
las fracciones acreedoras del exterior que apuestan al retorno al
financiamiento internacional.
Aun con divergencias en su interior, el objetivo
compartido de esa comunidad reside en “ordenar” la relación capitaltrabajo en
valores cercanos a una distribución del ingreso del 70/30. Es decir,
condicionar a los trabajadores a quedarse con menos de un tercio de los
ingresos nacionales. A ello se debe adicionar un dato clave: la propuesta del
Ministerio de Trabajo para las paritarias apunta a regularlas a través de un
cálculo de productividad, lo que en la práctica significa discutir el reparto
del nuevo excedente creado, pero no la distribución de la masa de ingresos ya
existente. Esto fue explicitado por el Jefe de Gabinete, Marcos Peña: “El mayor
desafío de la Argentina es agrandar la torta. La lógica de que hay que repartir
lo que hay y dividirlo, fue un fracaso”.
En virtud de lo mencionado, y ya concretada la
transferencia principal, se abre una etapa de disputas entre las distintas
fracciones por la conducción política del proceso, fundamentalmente de las decisiones
en materia económica sobre precios relativos y políticas públicas.
Valorización
financiera.
Al inicio de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz decidió fijar salarios
y liberar precios, derivando ello en una caída de la participación de los trabajadores
en el ingreso nacional en aproximadamente 18 puntos porcentuales, generando de
este modo un nuevo punto de partida (del 48,5 al 30,4 por ciento). Luego de
ello, la valorización financiera tuvo un largo derrotero caracterizado por las
disputas de las fracciones del capital dominante (acreedores externos,
oligarquía diversificada y oligarquía agropecuaria pampeana) que durante casi
treinta años (entre 1976 y 2001) pelearon por la porción del ingreso apropiada
a los trabajadores.
Los ochenta. Durante la década de los
ochenta, el claro predominio de los grupos económicos locales sobre los
acreedores externos en la apropiación del excedente, se reflejó en políticas en
favor de los primeros, a través de dos mecanismos privilegiados:
- Gastos fiscales: destinados a la promoción
industrial y reembolso a las exportaciones, desgravaciones de derechos de
importación a ciertas actividades, asunción de los pasivos de empresas
quebradas, apoyo de actividades muy específicas (como siderurgia y
petroquímica) y subsidios a los precios de venta o compra de bienes al Estado o
del Estado, entre los principales.
- Gastos cuasi fiscales: régimen de Seguros de Cambio
(81), estatización de la deuda (82), capitalización y cancelación anticipada
(en el gobierno democrático), entre otros.
La crisis de 1989 fue resultante de ese esquema de
reparto, que ya no era suficiente para contener a los acreedores, situación que
se agudizó por la moratoria de hecho de la deuda externa declarada hacia
mediados de 1988. Desde esa fecha los bancos acreedores no percibieron los
intereses de deuda ni las amortizaciones y tampoco lograron avanzar en el
esquema de privatizaciones para cobrarse la deuda con empresas públicas, como
adelantaban los ejes acordados en el Plan Baker pactado en 1985.
Los noventa. A inicios de la década se
conformó en torno a las privatizaciones una “comunidad de negocios” donde
comulgaron la oligarquía diversificada, firmas extranjeras y los acreedores
externos. ¿Cómo fue el reparto? A través del “saneamiento” previo de las
empresas públicas, la subvaluación para su venta, la obtención entre 1994 y
1998 de una rentabilidad promedio del 15 por ciento sobre patrimonio y, en el
caso de empresas de servicios públicos, la apropiación hacia 1999 de ganancias
que superaron los 2000 millones de dólares sólo considerando los ajustes de
tarifas a través de cláusulas de indexación. Otro negocio conjunto fue la
reducción de aportes y contribuciones laborales y la privatización del sistema
previsional concretada en 1994. Ello se tradujo en una transferencia hacia los
grandes grupos concentrados para el período 19942000 de 22.372 millones de
pesos por la reducción de aportes y 29.960 millones de pesos usufructuados por
el sistema previsional privado (AFJP). Derivado de este importante costo
fiscal, esas políticas significaron para el Estado un déficit de 54.446
millones de pesos, por lo que debió endeudarse beneficiando a la fracción
acreedora externa. No casualmente los pagos de servicios de la deuda externa
representaron una cifra similar, de 54.615 millones de pesos en el período.
La actual
disputa. Un
breve repaso de las políticas anunciadas e implementadas da cuenta de la
vinculación de cada una de ellas con actores económicos concretos. Estos han
sido beneficiados desde el comienzo en virtud de los “compromisos asumidos” por
el macrismo y el frente Cambiemos, profundizando además su vínculo orgánico a
través de la colocación de representantes gerenciales en cargos políticos del
gobierno. Los importantes beneficios que se detallan contrastan
indefectiblemente con el anuncio de la limitada transferencia por única vez de
400 pesos a los beneficiarios de la AUH y jubilados que perciben la mínima. Si
ésta erogación asciende a 3000 millones de pesos –en un solo pago–, sólo el
costo fiscal de las retenciones para la soja, maíz y trigo asciende a 30 mil
millones de pesos en una cosecha anual.
Habiéndose establecido la principal quita de
excedente, no está saldado su modo de reparto en el bloque hegemónico. Hace
unos días, en la conferencia de la UIA, el Ministro de Producción, Francisco
Cabrera anunció la quita de retenciones al agro. De inmediato Luis Betnaza, del
Grupo Techint, inquirió: “Bueno, ¿y para nosotros cuándo?”. Poco después se
anunció la quita de retenciones a las exportaciones industriales.
Otro caso fue el de Arcor. Macri había acordado
entregar a Jorge Lawson, hombre de esa compañía, el Ministerio de Trabajo. Sin
embargo, la presión de los gremios, entre ellos de Hugo Moyano, hizo dar marcha
atrás la designación. Sintomáticamente unos días después, Luis Pagani dueño de
Arcor, adquirió el 25 por ciento de La Serenísima y decidió sacar la empresa
lechera de Precios Cuidados. Finalmente, Lawson terminó ocupando un lugar en el
directorio del Banco Nación.
El caso de los despidos de Techint también es
paradigmático. Luego de dos renovaciones de actas de suspensiones a lo largo
del 2015, sin despidos, la primera semana del gobierno de Macri y frente a una
nueva renovación de suspensiones, Techint deliberadamente despidió a 189
trabajadores de la planta de Siderca de Campana. Esa muestra de presión al
nuevo presidente Macri tuvo como respuesta al día siguiente una reunión entre
Rocca y Vidal con muestras de acercamiento mutuo.
En este marco, se abren interrogantes sobre el
reacomodamiento de las fracciones del capital en esta etapa. Dada la
representación corporativa de Prat-Gay respecto a la banca internacional (JP
Morgan), del anunciado endeudamiento y de la fenomenal suba de tasas de interés
locales: ¿significa esta nueva etapa económica la puesta en práctica de la
especulación propia de la valorización financiera? O considerando la representación
de entidades agrarias de grandes terratenientes con Ricardo Buryaile al frente
del Ministerio de Agricultura, y del empresariado cerealero con Monsanto en la
homónima cartera provincial, ¿se trata del retorno de un modelo de crecimiento
con base agroexportadora pero sin distribución de ingresos?
Finalmente, a raíz de los acercamientos al Grupo
Techint, la eliminación de retenciones a las exportaciones industriales y la
entrega de la Secretaría de Empleo a un ex gerente de esa empresa, ¿ocupará la
oligarquía diversificada un rol periférico en el nuevo bloque dominante o será
un actor central?
“Perturba en el “círculo rojo” el apoyo del Gobierno
al campo” reza el titular de una nota en el diario La Nación del 26 de
diciembre. El gobierno de Macri tiene importantes compromisos asumidos con cada
uno de los sectores que impulsaron y apoyan su actual gestión, en pos del
objetivo concreto de alterar nuevamente la distribución de ingresos en
Argentina. Pero este complejo equilibrio corre riesgo de romperse si el
otorgamiento de mayores ventajas hacia una de las fracciones inclina la
balanza.
* Centro de Economía Política Argentina-CEPA.
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jueves, 21 de enero de 2016
La negociación con los buitres Por Aldo Ferrer
La cuestión central en el conflicto con los buitres es la respuesta al siguiente interrogante: ¿su resolución es indispensable o solo conveniente para el curso futuro de la economía argentina? En el primer caso, se impondrá la demanda de los buitres y la negociación es, en realidad, una ficción. En el segundo, la negociación es real porque puede no haber acuerdo, si el costo de la demanda de la contraparte es mayor que sus beneficios.
La evidencia es abrumadora en el sentido de que los buitres son un problema de segunda importancia y, por lo tanto, que el arreglo es conveniente pero no indispensable. Por las siguientes razones:
1. En los canjes de 2005 y 2010, Argentina logró la reestructuración de deuda soberana más exitosa de la historia, sin pedirle nada a nadie. Es decir, sin la participación del FMI ni el visto bueno de los mercados financieros. La deuda pendiente no alcanza a 3000 millones de dólares, menos del 8 por ciento del total de la declarada en default en la crisis del 2001. El supuesto aumento de la pendiente a 12.000 millones de dólares, por intereses caídos, ignora que, el pago a los buitres habría desarmado la reestructuración de la deuda e implicado un premio a la especulación y el castigo, a la inmensa mayoría de los inversores, que facilitaron la recuperación de la economía argentina. Estaríamos, otra vez, como en la crisis del 2001.
2. Hace una década que los fondos buitre, tenedores del 50 por ciento de la deuda pendiente, vienen litigando contra el país. Plantearon el embargo de bienes argentinos, en alrededor de 900 demandas en diversos países. El hecho más sonado fue el de la fragata “Libertad”. No tuvieron éxito en ningún caso. El país mantiene relaciones económicas normales con todo el mundo. Los buitres son especuladores despreciados en el escenario mundial. Operamos en un orden internacional, dentro del cual la inmunidad soberana de los Estados pone límites a la extrapolación de la jurisdicción de tribunales nacionales sobre terceros países. La razonabilidad de la posición argentina ha sido respaldada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y la opinión de los analistas más destacados en el escenario internacional.
3. Los problemas principales de la economía están en la esfera interna: el déficit del comercio de manufacturas de origen industrial y la consecuente restricción externa, la inflación, el desequilibrio fiscal, entre otros. Ninguno se resuelve por el pago a los buitres.
4. El conflicto obedece a la ausencia de normas internacionales para resolver los default de deudas soberanas. La exitosa reestructuración de más del 92 por ciento de la deuda en default, cumple con exceso los límites para la resolución de las quiebras en las jurisdicciones nacionales. Las dificultades de tenedores de deuda reestructurada para recibir los pagos realizados por el gobierno argentino es responsabilidad de quien provoca la interrupción de la cadena de pagos.
5. La suposición que, después del arreglo con los buitres, van a llegar las inversiones, es una ficción. Ningún inversor, argentino o extranjero, que tenga un buen proyecto, deja de realizarlo por el conflicto con los buitres. El buen “clima de inversiones” depende de la gobernabilidad de la economía, la paz social, la seguridad jurídica, los espacios de rentabilidad y el ritmo de transformación de la estructura productiva para incorporar tecnología y agregar valor.
6. El pago a los buitres no es suficiente para que las agencias evaluadoras de riesgo mejoren la calificación de la deuda argentina, con la consecuente baja de la tasa de interés. Es previsible que exigirán, además, un plan económico y financiero respaldado por el FMI.
Es por estas y otras razones, que el acuerdo con los buitres no resuelve ningún problema fundamental ni garantiza la baja de la tasa de interés y la entrada de inversiones extranjeras. En resumen, el acuerdo es útil, porque remueve algunos obstáculos, pero no indispensable.
¿Cuáles deberían ser los límites de la oferta argentina? Los mismos que la de los canjes del 2005 y 2010, como lo planteó el gobierno anterior. Es una oferta generosa. Representa una excelente ganancia para los buitres, considerando el precio ínfimo al cual adquirieron sus títulos y los costos y pérdida de tiempo, que soportó el país, por pleitear con los buitres. Cuanto mayor sea el desvío de la próxima oferta del Gobierno respecto de ese límite, peor será la calificación que merecerán los actuales negociadores, en términos de la defensa del desarrollo, los derechos y la soberanía de la Argentina. El contenido del acuerdo revelará la inspiración del actual gobierno respecto de la autonomía de la política económica y la soberanía.
El Gobierno no debe hacerse ilusiones de que un acuerdo satisfactorio es posible por la “razonabilidad” de los buitres. El rechazo de estos al necesario carácter público de las negociaciones, es un primer ejemplo. Para defender con eficacia el derecho y los intereses del país, es indispensable que el Gobierno asuma la posibilidad de que no se alcance un acuerdo razonable y, los buitres, tomen nota que, en definitiva, no cobrarían nunca.
La negociación con los buitres es un primer paso en la definición de la estrategia de financiamiento internacional. Está planteada, al mismo tiempo, la alternativa de ratificar la soberanía recuperada con la cancelación de la deuda con el FMI o volver a solicitar su asistencia, con las condicionalidades incluidas. Es preciso, por lo tanto, que el Gobierno explicite la totalidad de su política de financiamiento internacional y la procese por las vías institucionales correspondientes.
Durante la “guerra fría”, el presidente Kennedy afirmó: “Nunca hay que tener miedo de negociar y nunca hay que negociar con miedo”. No hay razón alguna para que los negociadores del nuevo Gobierno actúen con “miedo”. Es decir, que supongan que el arreglo con los buitres es una cuestión de “vida o muerte”. Existe un nivel de deuda externa pública y privada entre los más bajos del mundo y los bancos están rentables, con carteras sólidas, fondeados en pesos, sin burbujas especulativas ni descalce de monedas. Podríamos estar más fuertes, si conserváramos el “superávit gemelo” en el presupuesto y el balance de pagos y aumentaran la reservas internacionales. De todos modos, el país conserva la fortaleza suficiente para negociar sin miedo ni urgencias.
* Profesor emérito. Universidad de Buenos Aires.
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jueves, 14 de enero de 2016
La grasa Por Alfredo Zaiat
Los empleados públicos ya no son los malhumorados y vagos estigmatizados en el pasado por Antonio Gasalla, en lo que fue un aporte artístico involuntario para desprestigiar el papel del Estado en la sociedad. Ahora son ñoquis que pasan a cobrar por la ventanilla el 29 de cada mes sin trabajar. En la conferencia de prensa de ayer, el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, sumó otra definición despectiva para personal estatal: son grasa. Y además son “grasa militante”. El ministro que intenta con escasa habilidad ser simpático con frases de Moria Casán, puntuando comentarios de uno de los periodistas elegidos para preguntar y cayendo en una laguna en la última pregunta, que lo obligó a dar por terminada la conferencia, expresó de ese modo que los despidos de empleados públicos forman parte de la estrategia de ajuste fiscal del gobierno de Mauricio Macri. Quedó en evidencia la concepción Prat-Gay acerca de una parte del empleo público: Es grasa sobrante en el cuerpo del Estado.
El empleo, público y privado, no parece ser una cuestión central en la estrategia de gestión de la economía del ministro. Ese desinterés lo dejó expuesto cuando se refirió a empleados estatales como “grasa que sobra”, al desentenderse de los despidos en empresas privadas y al advertir acerca de la posibilidad de la pérdida de puestos si la demanda en paritarias es más elevada que la tasa de inflación que él estima para el 2016.
Para bajar el déficit fiscal de 2,3 por ciento del PIB en 2015, que lo infló con contabilidad creativa hasta alcanzar el 7,0 por ciento con el único objetivo de sobrecargar la herencia económica para habilitar el ajuste, Prat-Gay informó que el reordenamiento del gasto implicará una reducción del déficit en 0,8 puntos porcentuales. Mencionó acciones sobre licitaciones irregulares que no precisó, en cambio se extendió con los denominados ñoquis. Aquí fue más explícito. Despedir empleados públicos, o en sus propias palabras: “Eliminar la grasa de la militancia”.
Varias compañías están reduciendo personal –metalúrgicas, Cerámica San Lorenzo, autopartistas, talleres textiles– y, ante una consulta acerca de esta situación, el ministro afirmó que es por culpa de la herencia de la economía kirchnerista. Si así fuera, cuestión que es discutible, el Estado exhibió en los últimos años una estrategia activa para frenar los despidos, que hoy está ausente con el macrismo. Mediante políticas específicas se pudo defender el empleo a través del plan Recuperación Productiva (Repro) que consistía en el pago de una porción del salario por un tiempo determinado por parte del Estado. O mediante subsidios directos por un lapso hasta la recuperación del mercado. Justificó despidos en empresas privadas por la supuesta pesada herencia del kirchnerismo. Para Prat-Gay es lógico entonces dejar desamparados a trabajadores.
Otro de sus mensajes al mundo del trabajo es que no tienen que ser muy exigentes con la demanda de recuperación salarial en paritarias luego del shock inflacionario que él provocó. El ministro difundió que la tasa de inflación esperada es del 20 al 25 por ciento. “Me tienen que creer” porque si no es así la economía “ajustará por cantidad”. Es la propuesta a sindicalistas y empresarios para fijar un techo a las paritarias. Advirtió que si no lo hacen y definen un aumento salarial más elevado que esos porcentajes ambos correrán riesgos. A las empresas les dijo que “venderán menos” y a los trabajadores los amenazó con que “habrá menos empleo”.
La economía que quiere Prat-Gay es con “menos grasa” pero no sólo del sector público. El adelgazamiento general del empleo está en función del ajuste fiscal y de establecer un nuevo estadio regresivo en la distribución del ingreso.
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lunes, 4 de enero de 2016
La burocratización de las leyes educativas en argentina por Ethel Jancarik
Lenguaje de
ficción y efecto en la cotidianeidad institucional
Justificación del problema:
Compartimos la idea de Achilli al considerar la
necesidad de analizar las configuraciones cotidianas en relación a cierta
lógica estructural que caracteriza determinada tendencia hegemónica de nuestro
tiempo histórico. Entendemos en este sentido como contexto hegemónico también
en sintonía con la autora el modelo neoliberal con sus características
descriptas por numerosos autores entre las que consideramos como categoría
central el corrimiento del estado de sus responsabilidades como garante de la
educación pública. Este corrimiento da lugar a ciertos nuevos fenómenos en las
instituciones educativas en las cuales se producen transformaciones básicamente
en el lugar del conocimiento, en la
construcción de la identidad del ser docente y en la dinámica del trabajo. Estos tres tópicos son redefinidos
por el nuevo modelo con la consecuente, el corrimiento de lo pedagógico,
construcción de una nueva identidad del sujeto docente y la ruptura de los lazos sociales en su
trabajo. En este contexto coincidimos también con Achilli en que se crea un
lenguaje de ficción en torno a las reformas que solo viene a imponer prácticas
burocráticas a las que las instituciones adhieren inmediatamente en la
necesidad de obtener los recursos
económicos que se les ofrece a través de ellas. Se inicia así un proceso de
verdadero corrimiento de lo pedagógico dando lugar a una dinámica de
elaboración de proyectos que crea ese lenguaje de ficción que los docentes no
deja de percibir como falsedad
ideológica impuesta que sirve de legitimación de los verdaderos intereses
ocultos, aunque muchos otros sucumben ante esta ilusoria creencia y se adaptan
restando horas de trabajo de los genuinas preocupaciones pedagógicas ante la
necesidad de cumplir con la ejecución de dichos proyectos.
Antecedentes:
“Prácticamente toda experiencia humana es una
experiencia mediada (...) El lenguaje y
la memoria están intrínsecamente conectados tanto en la rememoración individual
como en la institucionalización de la experiencia colectiva” Paul Coonnerton
Esta afirmación de Coonnerton nos aproxima a los
antecedentes que queremos presentar. Anthony Giddens en “Los contornos de la
modernidad reciente” señala que la experiencia medida de los tiempos modernos
se caracteriza por la intromisión de sucesos distantes en la conciencia cotidiana,
organizada en parte, fundamentalmente en
función de la noción que sostenga de ellos.
Para el análisis de la institución educativa partimos del concepto de
Butelman para quien las instituciones son formaciones sociales y culturales
complejas en su multiplicidad de instancias, dimensiones y registros. Sus
identidades son el resultado de procesos de interrelaciones, oposiciones y
transformaciones de fuerzas sociales y no de una identidad vacía o tautológica
de la institución “consigo misma” . En este sentido reconocemos la historia de
la escuela argentina que la autora también remarca en su carácter de
obligatoria, laica y gratuita en el
marco de demandas luchas ideológicas que se ve quebrada por el neoliberalismo
que pretende imponer la lógica de mercado como diría Telma Barreiro. Ida
Butelman también señala la hegemonía que deriva del predominio que la
organización social del trabajo que se tiene del modelo de la gran empresa.
Segmentación flexibilización, separación entre dirección y otras partes del
proceso que proponen las teorías gerencialistas que intentan imponerse en el campo
de la gestión educativa. Pero debemos escapar de la pretensión de analizar las
instituciones solo desde el plano teórico el conocimiento de lo institucional afecta la vida de la gente y no
puede limitarse solo a ese campo, el hecho de que las instituciones dice la
autora se gesten por el quehacer humano también su reproducción y conservación. Castoriadis recupera al sujeto como el que
siempre ha estado ahí a pesar de las modas teóricas que lo han eliminado y
traído de retorno. El sujeto, dice, nos está de regreso, porque nunca se había
ido. Siempre ha estado aquí, ciertamente no como sustancia, sino como cuestión
y como proyecto, así comprendida, la cuestión del sujeto es la cuestión del ser
humano en sus innumerables singularidades y
universalidades. Esta idea de sujeto nos permite retomar la instancia de
la sociedad como contexto reproducción y la instancia de los sujetos como
actores esenciales de la escena institucional y la instancia institucional e
interinstitucional como precedentes necesarios de toda formación
institucional. Nélida Landreani utilizó
este concepto de cotidianeidad en sus
investigaciones, para ella “la
cotidianeidad cobra sentido solamente en el contexto de otro medio, en la
historia, en el proceso histórico como sustancia de la sociedad (...) porque
estamos hablando del sujeto particular que se desenvuelve en una trama en
permanente construcción, delimitado por la vida cotidiana (conjunto de
actividades heterogéneas) a la que accede por una permanente apropiación de los
usos, costumbres, reglas, instituciones, necesarias para su supervivencia (...)
la realidad social es producto de una construcción en la que se entrecruzan
distintos procesos: de constitución del poder, de reproducción de las relaciones sociales de producción y/o
distribución de conocimientos, de vínculos interpersonales, de apropiación y
control de reglas e instituciones, de existencia y lucha contra el orden
instituido.”
Volviendo a Giddens, éste autor teoriza sobre la
conciencia práctica y sobre ella dice
que nos remite a que “las propiedades estructurales de sistemas sociales
existen solo con tal de que formas de conducta social se reproduzcan. Los
agentes humanos tienen como un aspecto intrínseco de lo que hacen, la aptitud
de comprender lo que hacen en tanto lo hacen (...) Pero la reflexividad opera
solo en parte en un nivel discursivo. Lo que los agentes saben sobre lo que hacen
y sobre las razones de su hacer (...) es vehiculizado en buena parte por una
conciencia práctica. Una conciencia práctica consiste en todas las cosas que
los actores saben tácitamente sobre el modo de "ser con" en contextos
de vida social sin ser capaces de darles una expresión discursiva directa(...)
la rutina es un elemento básico de la actividad social cotidiana(...) y es el
fundamento de la naturaleza recursiva de la vida social(...) y es vital para
los mecanismos psicológicos que sustentan un sentimiento de confianza o de
seguridad(...) introduce a los agentes una cuña entre el contenido
potencialmente explosivo de lo inconsciente y el registro reflexivo de una
acción producida( ...) La naturaleza situada de una interacción social se puede
examinar con provecho en relación con las diferentes sedes a través de las
cuales se coordinan las actividades cotidianas(...) estas sedes no son meros
lugares sino escenarios de interacción(... ) para dar sustentos a los actos
comunicativos. Una fijeza espacio-temporal normalmente implica una fijeza
social, el carácter esencialmente dado de los medios físico de la vida
cotidiana se entreteje con una rutina y ejerce una profunda influencia sobre
los contornos de una reproducción institucional.” Agnes Heller establece que si examinamos la
vida cotidiana desde el punto de vista
de la relativa continuidad constatamos, que “en el proceso de socialización y
de adecuación(...) en la vida cotidiana se determinan nuevas categorías, las
cuales posteriormente o se conservan o al menos e despliegan por algún tiempo
por lo tanto se desarrollan o bien retroceden. "
Decimos con Elsie Rockwel que
“la institución escolar adquiere existencia y continuidad en la medida que determinados
sujetos colectivos la han conformado históricamente. La conformación del
magisterio en diferentes épocas y lugares hace que la escuela asuma sentidos
diferentes mediante contenidos y prácticas diferentes, a pesar de la
continuidad formal y la normatividad única que definen a la institución. La
heterogeneidad y la historicidad de lo cultural, tal como cobra existencia en
el sentido común y en la práctica al interior de la escuela, permiten suponer
que en el ámbito escolar también coexisten elementos de muy diverso origen:
elementos compartidos por maestros y alumnos en la medida de su cercanía
cultural o bien concepciones opuestas entre ellos, donde no siempre es claro
cuál de las dos concepciones contiene las intuiciones de una filosofía del
porvenir. Desde variadas presuposiciones culturales de los actores se
comprenden, asimilan, reinterpretan, rechazan, los contenidos programados
explícitamente para la escuela. En todo caso, la dinámica cultural al interior
de la escuela dista de ser simple imposición o claro conflicto cultural (...)
El sentido hegemónico o contra-hegemónico de los contenidos de hecho producidos
o reproducidos en las escuelas de determinado lugar y tiempo es aún pregunta
abierta. El estudio de éstos contenidos
culturales en la escuela debe atender tanto al discurso como a la práctica, con
la certeza de encontrar muchos puntos de contradicción entre ambos”.
Concebimos entonces a la escuela como un espacio de
construcción de significados. José Tamarit realiza una interesante integración
que nos permite ver como la escuela distribuye y crea discurso. Retomando a
Gramsci sostiene que la escuela contribuye a la formación del habitus
mediante la inculcación de un arbitrario cultural cuyos principios serán
interioridades, incorporados por los sujetos sometidos a la acción pedagogía.
Como también afirma Bourdieu “ningún enunciado científico sobre la realidad
puede ser ajeno a la lucha por las clasificaciones y en la medida en que es
divulgado está condenado a aparecer como crítico o como cómplice”.
Estas visiones están en medio de la lucha por las
significaciones, lucha por la imposición de lenguajes, lucha por las
representaciones sociales.
Preguntas de
investigación: ¿Cuáles son las prácticas discursivas que circulan en la
institución? ¿A qué refieren? ¿Cómo son las prácticas pedagógicas que predominan
en la institución? ¿Cuál es el discurso que legitima esas prácticas? ¿En torno
a qué discurso se configura la práctica pedagógica institucional? ¿Qué relación
existe entre la cotidianeidad escolar institucional y los discursos hegemónicos
que circulan?
Supuestos de
trabajo:
Para la construcción del objeto de investigación hemos
recurrido a categorías teóricas de análisis institucional y del discurso
proveniente de la sociología crítica y la teoría del lenguaje. Dichos conceptos
nos han servido para elaborar las preguntas que orientarán la aproximación al
campo. Los mismos han sido seleccionados tanto por el nivel de generalidad en
el que se formulan como por la riqueza teórica que aportan y que pueden permitir realizar el trabajo
etnográfico necesario para introducirnos en la empírea y luego analizar como lo
entiende Elsie Rockell desde los mismo la riqueza de los datos. Nos hemos
referido por tanto a los conceptos de cotidianeidad, habitus, sentido común,
hegemonía, prácticas discursivas, sujeto social entre otros que podrán ir surgiendo
a medida que avance el análisis. Creemos que los mismos pueden aportar en el
inicio de la investigación una primera forma de aproximarnos al terreno ya que
el investigador posee desde el principio supuestos que es necesario explicitar
para garantizar la necesaria distinción entre empírea y teoría.
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